El raid de Bari, el golpe decisivo de la Luftwaffe, 1943


FUENTES
Articulo escrito por Eric Niderost en la revista World War II:
http://www.historynet.com/world-war-ii-german-raid-on-bari.htm
Artículo wikipedia
http://en.wikipedia.org/wiki/Air_Raid_on_Bari
Guardia marina armada de los EEUU
http://www.armed-guard.com/ag40.html
El blog naval de Mackenzie J Gregory
http://ahoy.tk-jk.net/macslog/SlaughteratBariSouthernIt.html
Centro histórico naval marina de los EEUU
http://www.history.navy.mil/faqs/faq104-4.htm
“El día de la batalla (La guerra en Sicilia y en Italia, 1943-1944)”, Rick Atkinson

El raid de Bari, ocurrido el 2 de diciembre de 1943 en dicha ciudad italiana, fue una de las más exitosas incursiones realizadas por la Luftwaffe, tanto es así, que los norteamericanos suelen referirse a este incidente llamándolo su segundo Pearl Harbor.

ANTECEDENTES
A finales de 1943, los aliados estaban plenamente convencidos de la incapacidad de la Luftwaffe para efectuar misiones de importancia en Italia. Los aeródromos alemanes han sido bombardeados sin descanso, la mayor parte de los cazas se han retirado a Alemania y los bombarderos de mayor alcance únicamente se han aventurado en Italia en ocho ocasiones desde mediados de octubre, incluyendo cuatro acciones sobre Nápoles. El 2 de diciembre el vicemariscal de la fuerza aérea Arthur Coningham habla a la prensa: “Consideraría un insulto y una ofensa personal que la Luftwaffe intentara una acción significativa en nuestra zona”.

Arthur Coningham no podía estar más equivocado, casi en las mismas fechas de la declaración, un Me210, pilotado por el teniente de la Luftwaffe Werner Hahn, sobrevuela a 6700 metros de altura en misión de reconocimiento el puerto de Bari, enclave estratégico al suroeste de Italia, sin que las defensas aéreas aliadas pese a a la alta posibilidad de detección, incluso tras hacer una segunda pasada sobre la ciudad. Los británicos ya se habían acostumbrado a los inofensivos aviones de reconocimiento de la Luftwaffe que zumbaban por el aire como pájaros perdidos sin rumbo, y ya ni siquiera se molestan desperdiciar munición hostigándoles.

Me210, como el usado por Werner Hahn para su misión de reconocimiento

El informe aportado tras el reconocimiento del teniente Werner Hahn hace del lugar un “objetivo propicio”. Tras una reunión de planificación entre mandos de la Luftwaffe y el heer se barajaban muchos objetivos, entre ellos el aeródromo aliado de Foggia, sin embargo, los aliados controlan enormemente los cielos italianos y los recursos disponibles de la Luftwaffe son muy limitados y escasos tanto por el debilitamiento progresivo como por la escasez de combustible. En vez de dispersar los efectivos disponibles atacando varios objetivos, es preferible encontrar un único objetivo que haga el mayor daño posible a los aliados sin que ello conlleve excesivas pérdidas. Wolfram von Richthofen, primo lejano del Barón Rojo, y ahora comandante de la Luftflotte 2, propone el puerto de Bari como la mejor opción entre las disponibles.

Richthofen opinaba que paralizando el puerto, el avance del VIII ejército británico se ralentizaría y la ofensiva aérea de la XV Fuerza Aérea del general Doolittle sobre Alemania se retrasaría. Richthofen expone a Kesselring que haciendo acopio de diversos aeródromos de la Luftwaffe quizá consiga reunir unos 150 JU-88 para la misión. Finalmente tendrá que contentarse con 105 ejemplares, pero no son los números los que ganan las batallas, sino el factor sorpresa. Pese a que la mayor parte de aparatos requeridos proceden de Italia, Richthofen, dadas las circunstancias también trae aparatos de los Balcanes. Con un poco de suerte los aliados pensarán que ataque procedió de bases de la Luftwaffe en los Balcanes y se centrarán en ese lugar.

Bombardero Ju88 bimotor como los usados en la incursión

Mientras tanto, en Bari, después de atravesar el Atlántico sin incidentes, está atracado el SS John Harvey desde el 26 de noviembre. Se trata de un carguero de la clase Liberty con una carga muy especial. Incluso la propia tripulación desconoce oficialmente lo que llevan en sus bodegas, aunque la presencia en el buque de un equipo especializado en sustancias tóxicas les hace una buena idea. Se trata de unas 1350 toneladas de bombas tipo M47A1 de la IGM rellenas de gas mostaza, contraviniendo la convención de Ginebra de 1925, que prohibía expresamente a los países firmantes el uso de sustancias tóxicas de cualquier naturaleza en los posibles conflictos posteriores. Dado el secretismo del cargamento no se ha dado prioridad a la descarga del Harvey. El 2 de diciembre aún se encuentra en la dársena número 29 del muelle exterior, amarrado casco con casco junto a otros 14 cargueros.

EL ATAQUE
Los alemanes han planeado dirigirse primero hacia el mar Adriático, para después girar y atacar desde el suroeste, ya que los aliados probablemente esperasen que cualquier ataque aéreo provenga directamente del norte, tras las líneas alemanas.

El 2 de diciembre de 1943, a eso de las 19:20 Doolittle se encontraba repasando unos informes en su despacho cuando oye motores de aviones, piensa que son más C-47 aliados en misiones de transporte y no les presta importancia. Las baterías antiaéreas tampoco reaccionan, posiblemente bajo la misma impresión.

Dos aparatos alemanes en avanzadilla sobrevuelan Bari lanzando unas tiras de aluminio conocidas como “Chaff”, “Düppel” o “window”, cuya misión es cegar los radares. No obstante, la principal antena de radar, está situada en el tejado de la Via Vittorio Emmanuelle y hace ya días que esta averiada. También se lanzaron bengalas desde los aparatos en cabeza, pero no era necesario pues el puerto se encontraba bien iluminado.

Minutos más tarde, la primera oleada de unos 20 aparatos alemanes ejecuta una maniobra de vuelo rasante a apenas 30 metros de altura, guiados por las luces del puerto y sus propias bengalas. La respuesta de las baterías antiaéreas es débil, confusa, descoordinada y tardía. Los operarios de las baterías, cegados por las bengalas se limitan a disparar “al ruido de los motores”. Las primeras bombas caen sobre la ciudad, y revientan la puerta y ventanas del despacho de Doolittle, que saltan por los aires. Doolittle no cabe en su asombro, tras limpiarse el polvo de encima, exclama: “Están dándonos una paliza”.

Las explosiones en el puerto se suceden una tras otra, una de las bombas impacta sobre un oleoducto, causando su rotura y provocando un incendio que se propaga el puerto y los muelles.

El buque SS Joseph Wheeler es alcanzado por una bomba que hace saltar por los aires el lado de estribor y matando a sus 41 tripulantes en el acto. El SS John Bascom es también alcanzado y explosión se lleva la mitad el puente de mando, e incendia la carga y el combustible, escorando el buque, que impacta contra su vecino el SS John L. Motley, cargado con 5000 toneladas de munición, que estallan tras chocar contra el dique, y matando a sus 64 tripulantes. La explosión despide una lluvia de fragmentos ardientes que “llueve” sobre los muelles. Tras estas explosiones el SS John Bascom empieza a sumergirse por su popa.

El SS Fort Athabaska recibe un impacto en las cubiertas inferiores que mata a 46 de sus 56 tripulantes. El SS Samuel J. Tilden es ametrallado por un aparato, además una bomba entra en la sala de máquinas y resulta alcanzado por disparos de las baterías antiaéreas que disparan a ciegas, el barco, moribundo e irrecuperable, queda a la deriva, poco después un torpedero británico se encargará de hundirlo definitivamente para evitar que incendie a otros barcos. Un carguero polaco, el Lwow resulta impactado por dos bombas que incendian la cubierta.

Lo peor estaba aún por ocurrir, en medio de todo el caos se encuentra el SS John Harvey, mencionado anteriormente, que no ha resultado alcanzado por ningún impacto directo, pero demasiado tarde, está siendo alcanzado por las llamas de los buques vecinos, la tripulación trata desesperadamente de sofocar el fuego pero el buque estalla repentinamente muriendo sus 77 tripulantes, la espectacular explosión despide al cielo un chorro de llamas que alcanza los 300 metros de altura. La tremenda explosión que resulta más violenta que la sufrida por el John L. Motley, parte en dos al Testbank matando a sus 70 tripulantes y arranca los marcos de las compuertas del Aroostook, que estaba cargado con 1900 barriles de combustible para aviación, la onda expansiva se siente en la ciudad, las ventanas del cuartel general de Alexander saltan por los aires y sus restos aparecen a doce km de distancia, según testigos presenciales, las tejas de los tejados de Bari son despedidas como naipes de una baraja. Un viento cálido, abrasador, recorre el muelle seguido de una ola provocada por la onda expansiva, que se extiende por todo el puerto arrastrando diversos restos y empapando a los hombres de agua de mar contaminada con sulfuro de dicloretileno.

Explosión de humo tóxico emanando del John Harvey, foto tomada poco después del ataque alemán .

Ha pasado solo apenas media hora desde que Doolittle escuchó los motores de los aviones. El ataque ha sido rápido y devastador y se ha realizado con una precisión máxima, superando incluso las expectativas más optimistas de los mandos de la Luftwaffe.

17 buques aliados de diversas nacionalidades han resultado hundidos: 5 norteamericanos, 4 británicos, 3 italianos, 3 noruegos y 2 polacos, otros 8 buques han quedado afectados, 6 de ellos de manera severa. Se han perdido 38.000 toneladas de cargamentos para el frente y los aeródromos aliados (munición, combustible…), entre ellos 10.000 tm de planchas de acero destinadas a estos aeródromos. El puerto permanecerá completamente cerrado e inoperativo durante 3 semanas y no será hasta febrero cuando podrá reanudar sus actividades al completo, por su parte la XV fuerza aérea americana apenas podrá intervenir durante ese tiempo por la inesperada pérdida del combustible y suministros. En cuanto al costo humano el ataque ha causado más de 1.000 bajas mortales entre militares y marinos, entre la población civil se añaden otras 1.000 bajas según algunas estimaciones.

INTOXICACIONES EXTRAÑAS
Pasado el ataque comienzan a ocurrir extraños fenómenos, que no tenían nada que ver directamente con el ataque alemán, los heridos empiezan a padecer extraños síntomas y a morir inexplicablemente, la primera pista es el extraño “olor a ajo” que algunos han detectado, el olor característico del gas mostaza.

En el Brindisi, buque de la marina real italiana, que ha recogido decenas de náufragos cubiertos de petróleo, se extiende en cuestión de horas una epidemia de vómitos e inflamación de los ojos. El Bistra que ha puesto rumbo a Tarento con 30 náufragos a bordo, consigue amarrar allí de forma milagrosa, durante el viaje toda la tripulación se ha quedado prácticamente ciega.

En los hospitales la situación no es mucho mejor, los médicos están perplejos e impotentes, pacientes con lesiones menores presentan situaciones de shock extremo, al amanecer los hospitales se hallan llenos de hombres con dificultades respiratorias e incapaces de abrir los ojos, los propios médicos que inconscientes de a que se enfrentan pronto se ven operando con los ojos llorosos. En la mañana del viernes aparecen grandes ampollas en la piel de los afectados, los pacientes son diagnosticados con dermatitis T.N.D. (todavía no diagnosticada).

Las misteriosas muertes hacen sospechar a los médicos que los alemanes hayan podido usar algún agente químico y envían un mensaje al cuartel general en Argel donde el comisario cirujano, general Blesse, decide enviar a investigar al teniente coronel Francis Alexander, un experto en guerra química.

Con el John Harvey hundido en el fondo del mar, y su tripulación muerta, pocos son los que conocen la auténtica naturaleza del cargamento, a las 14:15 se reúnen en conferencia quienes sí lo conocen, 6 oficiales británicos y otros 6 norteamericanos deciden que el secreto debe seguir siéndolo y por tanto “no se dará ningún aviso”. Se vierte una tonelada de lejía para desinfectar la dársena 29 y se colocan carteles con el aviso: “Peligro Humos”.

Poco antes de que se celebre la reunión en que se decide mantener el secreto, el teniente coronel Alexander empieza a estar razonablemente seguro de que la dermatitis T.N.D. se trata en realidad de exposición al gas mostaza, agente químico que había sido empleado con fines militares durante la IGM. La sospecha es corroborada cuando se recupera del fondo del puerto un fragmento de carcasa de una bomba identificada como M47A1, empleadas para alojar este tipo de gas durante la IGM

Por primera vez se empiezan a tomar medidas realmente efectivas pero el daño ya estaba hecho, el empecinamiento en “guardar el secreto” provoca muertes que hubiesen sido fácilmente evitables si se hubiesen tomando medidas elementales desde el principio, como por ejemplo, desinfectar y cambiar de ropa a los pacientes, ya que los afectados y los que estaban alrededor habían pasado horas inhalando gases tóxicos de sus propias ropas contaminadas.

Se estimó un mínimo de 167 bajas provocadas por dicho gas, con 83 muertes confirmadas, sin embargo los investigadores reconocen muchas más que no pueden ser rastreadas. Las bajas entre los civiles italianos son desconocidas es muy probable que fueron bastante mayores ya que ellos nunca supieron a lo que se enfrentaban realmente.

CENSURA ALIADA Y OCULTACIÓN DE LA VERDAD
Todo lo referente a las consecuencias y circunstancias del ataque fue objeto de una férrea censura, un memorando del 8 de diciembre decía lo siguiente: “con el fin de guardar el secreto, todos estos casos han sido diagnosticados como dermatitis T.N.D”. A mediados de diciembre el Washington Post publica un artículo sobre el ataque más costoso desde Pearl Harbor donde no se hace ni la más mínima alusión al gas mostaza. Cuando los periodistas preguntan al secretario de estado Stimson si la respuesta en Bari había sido más bien laxa su respuesta es: “¡No! No voy a hacer comentarios sobre esto”.

Corrieron rumores de que los alemanes habían usado gas mostaza pese a que desde un primer momento en las altas esferas se sabía que no era así, una comisión secreta designada por Eisenhower confirmó en marzo de 1944 que toda la responsabilidad recaía exclusivamente en el cargamento del John Harvey. En sus memorias, Eisenhower reconocería el hundimiento de un buque cargado con gas mostaza en Bari, pero cuidándose bien de asegurar que “no se había producido ninguna víctima por esta causa”.

Churchill fue un acérrimo defensor del secretismo y la censura, para él era embarazoso que el ataque se hubiese producido en una zona bajo jurisdicción británica y además pensaba que su divulgación era contribuir a la propaganda alemana. Pese a que en los registros norteamericanos se conservaron al menos algunas referencias, los registros británicos fueron purgados de toda referencia a víctimas provocadas por el gas mostaza por órdenes de Churchill, y en su lugar se catalogaron como “quemaduras por acción enemiga”.

Durante años las dimensiones de la catástrofe permanecieron desconocidas y siguió sin aclararse pese a la desclasificación del incidente en 1959, hasta que en 1967, el instituto naval de EEUU publicó un trabajo, seguido de un libro sobre el tema, escrito por Glenn B. Innfield en 1971. Los oficiales británicos negaron durante mucho tiempo tener ningún conocimiento del cargamento del John Harvey, sin embargo en 1986 el Times de Londres informó de que 600 marineros británicos contaminados en Bari percibirían pensiones con efectos retroactivos.

El secretismo quizá engañara a la opinión pública y a los propios soldados aliados, pero no a los alemanes, que se encontraban alarmados. La división Hermann Göring y otras unidades en Italia intensificaron su entrenamiento químico, por su parte, el alto mando alemán emitió un memorando advirtiendo que: “Los aliados podrían empezar la guerra química mañana mismo”, mientras la propagandista proalemana Axis Sally cloqueaba por las ondas: “Chicos, veo que os están rociando con vuestro propio gas venenoso”.

CONCLUSIONES
El ataque (raid) de Bari fue un terrible desastre para la fuerza expedicionaria aliada en Italia, con unos efectos comparables a los de Pearl Harbor. El mensaje transmitido fue claro, la Luftwaffe aun estaba en condiciones de hacer mucho daño. Una parte importante del vital suministro para el frente y la XV fuerza aérea se perdió en ese ataque. Es más, no es demasiada coincidencia que en los meses siguientes hasta mayo de 1944 el frente Italiano apenas sufriera importantes cambios, quedando 40.000 soldados aliados cercados temporalmente en Anzio, y con el avance aliado frenado en Montecassino. De haber recibido la XV fuerza aérea esos suministros los aliados hubieran disfrutado de mucho mayor apoyo aéreo, necesario para continuar el avance de forma efectiva.

También cabe mencionar que fue el único incidente con gases de la IIGM, contribuyendo el secretismo aliado a aumentar una tragedia que hubiera podido haberse evitado, con un adecuado tratamiento y medidas.

ANEXO
Comparativa entre los efectos de Bari y los de Pearl Harbor
http://www.duskbeforethedawn.net/2009/10/bombing-of-bari-italy-compared-to-pearl-harbor-wwii/

Lista de barcos dañados o hundidos tras el ataque

Hundidos:
John Harvey (USA Liberty, 7177 tn)
John L. Motley (USA Liberty, 7176 tn)
John Bascom (USA Liberty, 7176 tn)
Joseph Wheeler (USA Liberty, 7176 tn)
Samuel J. Tilden (USA Liberty, 7176 tn)
Fort Athabasca (Británico, 7132 tn)
Fort Lajoie ( Británico, 7134 tn )
Testbank (Británico, 5083 tn)
Lars Kruse (Británico, 1897 tn)
Devon Coast (Británico, 646 tn)
Bollsta (Noruego, 1832 tn)
Norlom (Noruego, 6412 tn)
Lom (Noruego, 1268 tn)
Lwow (Polaco, 1409 tn)
Puck (Polaco, 1065 tn)
Frosinone (Italiano, 5202 tn)
Barletta (Italiano, 1975 tn)

Dañados:
Grace Abbott (USA, 7191tn)
John M. Schoefield (USA, 7191tn)
Crista (Británico, 2590 tn)
Brittanny Coast (Británico, 1389 tn)
Vest (Noruego, 5074 tn)
Cassala (Italiano, 1797 tn)
Odysseus (Holandés, 1057 tn)

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