Las guerras astur-cantabras


LAS GUERRAS CANTABRAS Y LA CONQUISTA DEL NORTE DE HISPANIA. 29 a.c. al 19 a.c.

Las tierras del norte de España, entre el Duero y el Mar Cantábrico, fueron el último bastión de la resistencia de las poblaciones indígenas ante el conquistador romano, que había llegado a la península en Ampurias en el año 218 a.c. al mando de Escipion, para luchar contra los cartagineses. El episodio final fue la guerra contra las tribus cantabras y astures.

ANTECEDENTES:

Hasta el periodo de Augusto los pueblos del norte peninsular habían mantenido escaso contacto con los romanos. A finales del siglo II a.c. Roma sometió a los celtiberos y los vaceos en el valle del Duero. Para Roma las tribus del norte eran un incordio que molestaba a las tribus de las nuevas tierras pacificadas, con las habituales incursiones de pillaje y saqueo tan comunes entre los indígenas peninsulares. Por otro lado se sospechaba la existencia de oro y minerales en el norte peninsular, muy necesarios para la economía depauperada de Roma, que acababa de salir de una guerra civil.

Las tribus al norte del Duero eran llamadas astures por los romanos, ya que el río principal de la región era el Astura (Esla).
Las causas principales del inicio de las guerras Cantabras fueron políticas. Augusto buscaba establecerse como un gobernante que trajera la paz a Roma, cerrando sus fronteras defensivas naturales (el norte peninsular era el ultimo paso en Hispania), demostrando a sus ciudadanos que también sabia vencer a los enemigos de Roma y no sólo en la guerra civil que acababa de concluir y finalmente la guerra era una herramienta de propaganda personal sobre su idoneidad como gobernante.

Augusto dirigió la campaña en persona entre los años 27 al 26 a.c. Los historiadores actuales opinan que la literatura de la época ensalzó y magnificó en demasía este conflicto, con el fin de favorecer a su gobernante supremo, pero no se debe menospreciar la capacidad de resistencia de los pueblos del norte, que de todas maneras, no era diferente de la del resto de tribus de Hispania.

LAS TRIBUS DEL NORTE:

Las tribus de los astures y los cantabros aparecen retratadas, por los historiadores romanos (Tito Livio, Floro, Orosio, Estrabon, Suetonio y Tácito), como unos pueblos salvajes, rudos y belicosos. Sin embargo estos pueblos no eran diferentes de sus vecinos del sur. Se encontraban en una fase de progreso de su cultura, comenzaban a utilizar monedas, molinos giratorios y las defensas de sus castros se habían mejorado.
Las tácticas guerreras de estas gentes se basaban en la lucha de guerrillas, mediante emboscadas y la utilización de armas arrojadizas. Sus armas eran la jabalina, el hacha de doble filo, el puñal y la falcata ibérica (una espada de un solo filo). Solían llevar un escudo pequeño de cuero y madera (caetra). Se protegían con corazas de cuero, lino o pieles de animales sin curtir y endurecidas. Sus tácticas y armas eran claramente inferiores a las romanas.

Su forma de vida se basaba en la agricultura y ganadería, agrupados en pequeños castros en las alturas dominantes. Solían realizar incursiones y pequeñas guerras contra otras tribus. A veces se aliaban temporalmente con sus vecinos cuando sobrevenía un peligro general, como el caso de la lucha contra Roma, aunque no podemos esperar que tuvieran un mando táctico único.

LA GUERRA:

En el año 29 a.c. estalla la guerra contra las tribus cantabras y astures. El procónsul de Hispania, Statilio Tauro, fracasa ese año en la conquista, al igual que su predecesor Sexto Apuleyo.

Se piensa que las guerras se llevaron a cabo principalmente en la zona de la meseta leonesa y burgalesa, quedando la zona de Galicia pacificada sin muchas dificultades.

En el año 27 a.c. Augusto llega a Tarraco, donde celebra su octavo consulado, manda abrir las puertas del templo de Jano (este hecho marcaba el comienzo de una guerra en el mundo romano) y decide dividir Hispania en tres provincias: Ulterior, Citerior y Lusitania. La zona de guerra quedó en las dos últimas provincias (bajo control del Princeps Cesar Augusto), mientras que la Ulterior dependía del Senado.

En el año 26 a.c. Augusto monta su campamento en Segisamo (Sasamón, Burgos), donde acampa con la Legio III Macedonica.

En estas campañas se emplean dos ejércitos. Uno al oeste (zona de Zamora y León), bajo el mando de Publio Carisio. El otro era comandado por el propio Augusto por el este (zona de Burgos, León y Cantabria). Se conoce la participación de las Legiones II Augusta, III Augusta, III Macedonica, V Alaudae, VI Victrix, IX Hispana y X Gemina.

Estas legiones estaban apoyadas por tropas auxiliares, es de suponer que de un tamaño equivalente, dada la practica romana. El total de hombres se podría cifrar en unos 70.000.

Augusto dividió sus tropas en tres columnas que atacaron a los cantabros. La central avanzó siguiendo lo que hoy en día es la línea férrea Madrid- Santander. Los cantabros fueron derrotados cerca de Vellica (cercanías de Aguilar de Campoo) y huyeron a la Cordillera Cantábrica, refugiándose en el Mons Vindius (probablemente se encuentra en los Picos de Europa o en la zona de peña Prieta y Sierra de Hijar), donde fueron derrotados.

Augusto se introduce en Cantabria por Reinosa y toma la ciudad de Aracillium (Aradillos), después de un cerco. Aquí fue ayudado por desembarcos en la retaguardia cantabra, en la ría de Suances y Santander. Es probable que alguna columna romana penetrara en la zona oriental de Asturias, apoyada por desembarcos en la zona de Nueva, en Llanes. Después de estos hechos Augusto se va a Tarragona, con su salud quebrantada, dejando el Ejército en manos de Antistio.

En el 25 a.c. Carisio tiene tres campamentos de invierno romanos en las riberas del Astura (Esla). Los astures planean atacarlos por sorpresa, pero son traicionados por los brigaecini (de Benavente), que delatan sus planes a Carisio. Los astures son derrotados en campo abierto y se refugian en la ciudad de Lancia (Villasabariego, a 10 km. de León). Después de un terrible asedio, Lancia capitula y la ciudad es arrasada por los legionarios.

Aparece en escena el último episodio singular de estas guerras, El Mons Medullius.

Aquí se produce otro cerco, donde las legiones rodean el monte con un foso de 15 millas romanas, terminando con el suicidio en masa de los astures sitiados. La ubicación de este monte varia entre la zona de las Medulas (Bierzo) y Peña Sagra (este de León). En ese tiempo es posible que se produjera el avance hacia lo que hoy en día es la Asturias central. Por lo menos una columna romana progresa por el puerto de la Mesa y otra por Pajares (vía de la Carisa). No existen testimonios históricos de fuerte lucha en estos avances, ya que el grueso de los astures habría sido derrotado en las batallas anteriores, aunque seguramente los legionarios se encontrarían con emboscadas y pequeñas batallas en su progresión.

Después de estos combates Carisio licencia a parte de los soldados de la V Alaudae y la X, con los que funda en el 25 a.c. la ciudad de Emerita Augusta (Mérida). Ese mismo año Augusto regresa a Roma, ordena cerrar las puertas del templo de Jano y se niega a celebrar el triunfo correspondiente que el Senado le propuso, en una hábil maniobra política que intenta demostrar su humildad como servidor de Roma.
Pero en el 24 a.c los astures se sublevan y el gobernador de la Citerior, Lamia, los reprime duramente, devastando campos, castros y cortando las manos de los prisioneros.

En el 22 a.c. se reproduce el levantamiento pero Furrio y Carisio restablecen el orden.

Parece ser que después se produce una revuelta en Cantabria, donde los cantabros atacan los campamentos romanos con éxito, siendo enviado a Hispania el mejor general de Augusto, Agripa, quien acaba violentamente con la revuelta en el 19 a.c., arrasando las tierras y ajusticiando a los alzados.

En el 16 a.c. existen noticias de pequeños incidentes en la zona de las costas asturianas y gallegas, seguramente cuando los romanos estaban acabando de ocupar y pacificar el país.

Roma mantuvo tres legiones vigilando el norte de Hispania. Eran la VI Victrix en Braga, la X Gemina en Rosinos de Vidriales (Zamora) y la V Macedonica en Herrera de Pisuerga (Palencia). En el 68 d.c. son reemplazadas por la VII Gemina, acuartelada en León, con cohortes y vexillationes en Galicia, Asturias y Cantabria. Esta legión se dedicó a proteger la producción y el transporte del oro hispano, la principal fuente de este metal para la economía romana.

Finalmente Asturia y Gallaecia pasaron a formar parte de la provincia Tarraconense, cuando Hispania fue reagrupada en tres provincias (Tarraconensis, Lusitania y Baetica).

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