El MV Wilhelm Gustloff, la mayor tragedia naval de la historia


“A la memoria de los refugiados y personal de la marina fallecidos en el hundimiento del Gustloff aquel fatídico día del 30 de enero de 1945” Never forget

Fuentes consultadas:
http://www.wilhelmgustloff.com/unknown.htm
http://en.wikipedia.org/wiki/MV_Wilhelm_Gustloff
http://en.wikipedia.org/wiki/Operation_Hannibal
http://en.wikipedia.org/wiki/Alexander_Marinesko

Galería Wilhelm Gustloff

El Wilhelm Gustloff en Danzig, 1939

Frente a las costas noruegas en 1940

Heridos de la campaña de Narvik evacuados en el Gustloff

Orquesta militar en cubierta, Oslo, Noruega 1940

Fotos de la Operación de Evacuación “Hannibal”
Refugiados de Königsberg llenan el F.S.S. “Wedel”, 1945

Buque de la Kriegsmarine en labores de evacuación en el puerto de Pillau, Prusia Oriental, enero 1945


Refugiados de Pillau se hacinan en la cubierta de un barco, 1945

EXPEDIENTE DEL NAVIO

El crucero fue construido en los astilleros de Blohm & Voss y fue botado el 5 de mayo de 1937, siendo bautizado como Wilhelm Gustloff en honor al líder del partido nazi en Suiza y asesinado en 1936. Medía 208.50 m de eslora y 23.59 m de manga.

Fue el primer crucero construido para el DAF (Frente Aleman del Trabajo, Deutsche Arbeitsfront)). Y también empleado por la organización subsidiaria Kraft durch Freude (KdF). El crucero en sus inicios se empleaba para fines recreativos y actividades culturales dirigidas funcionarios y trabajadores alemanes: conciertos, viajes de vacaciones, travesías de crucero y también como un instrumento de propaganda.

En verano de 1939 fue requisado para el ejército. Su primer uso militar fue repatriar de vuelta a la Legión Cóndor desde España tras el fin de la Guerra Civil Española.

Entre septiembre 1939 y noviembre 1940 se usó como buque hospital militar.

El 20 de noviembre de 1940 se retira el equipo médico y se repinta de blanco a gris de la marina.

Fue usado como “barracón flotante” para unos 1000 cadetes de U-boot de la 2. Unterseeboot-Lehrdivision en Gotenhafen (Gdynia en polaco). El navío permaneció cuatro años atracado hasta que fue puesto de nuevo en servicio para participar en la operación Hannibal que consistía en la evacuación masiva de refugiados alemanes del este ante el avance del Ejército Rojo.

ANTECEDENTES: OLEADA DE PÁNICO Y EVACUACIÓN

El pánico a gran escala se propaga en Prusia Oriental en enero de 1945. Rumores preocupantes de la brutal venganza rusa por la invasión nazi de su “Madre Patria” se extienden como un reguero de pólvora hasta llegar al puerto donde está anclado el Wilhelm Gustloff, el muelle de Gotenhafen, cercano a Danzig. Cientos de miles de refugiados alemanes se desplazan hacia Danzig, con la esperanza de obtener un pasaje seguro hacia el oeste.

La alarma se propaga aún más después de la filtración de noticias de las masacres en Nemmersdorf . En una contraofensiva, el 4 º Ejército alemán logró recuperar temporalmente la localidad de Nemmersdorf, la primera ciudad dentro de las fronteras alemanas en ser tomada por los soviéticos en octubre de 1944. Los noticieros nazis son rápidos para documentar la brutalidad soviética. Mostrando imágenes horripilantes de violaciones y asesinatos (especialmente mujeres y niños) con la esperanza de que el mundo se horrorice por la brutalidad de los “bolcheviques”. Un desafiante Hitler histérico pide a todos los hombres aptos para defender a Alemania. Muchos de estos “hombres” son chicos tan jóvenes como de 15 o ancianos del Volkssturm – Hitler desesperadamente organiza la defensa poniendo a cualquier hombre capaz de luchar en batalla.

El mundo occidental no simpatiza con la Alemania Nazi y mira para otro lado. Noticieros, periódicos, informes de radio y los rumores sobre las masacres perpetradas por efectivos del Ejército Rojo sólo sirven para intensificar el pánico en el este de Alemania. Desde las cubiertas del Wilhelm Gustloff, los sonidos de la artillería se hacen cada vez más fuertes con cada día que pasa. A pesar de esfuerzos heroicos de soldados alemanes anónimos por mantener el frente, el Reich se derrumba. Una gran ofensiva lanzada por los soviéticos a mediados de enero acelera el éxodo desde Prusia Oriental. Muchos alemanes étnicos, aislados de Danzig por soldados del Ejército Rojo intentan pasar a través de la congelada laguna de Frisches, se trata de una laguna de agua dulce en la costa báltica. Aviones soviéticos controlan el cielo, bombardeando indiscriminadamente refugiados indefensos. Los disparos directos no son necesarios, basta con ametrallar el hielo para enviar a las familias con sus carros y caballos a través de una muerte helada. Para los numerosos refugiados que fluyen hacia los puertos en el Danzig, escapar a Occidente es la única esperanza de evitar el sufrimiento y la muerte cierta. La brutal “guerra de exterminio” iniciada por Hitler en junio de 1941 en el Este, y el sufrimiento humano sin precedentes ocasionado se ha vuelto contra él, como una venganza.

EL S13

Retrato de Alexander Marinesko, capitán del S13

Mientras tanto, un inconformista capitán de submarino de la marina de guerra soviética llega a las aguas del Golfo de Danzig. Alexander Marinesko está al mando del submarino S13. El 2 de enero de 1945 se espera que parta del puerto de Turku, Finlandia, para patrullar el mar Báltico con un equipo de tres submarinos soviéticos. Lamentablemente, sus celebraciones de Año Nuevo se salen de control. Desaparece el 31 de Diciembre de 1944 en una orgía de tres días de alcohol y burdeles. A pesar de todos los esfuerzos de su leal tripulación, no se le consigue localizar.

En el mar, Marinesko es un capitán de submarino cualificado y decidido, que goza de la admiración y la devoción de su equipo y nunca llega a tocar una gota de alcohol. En tierra es volátil e impulsivo, con un notable expediente de alcoholismo. La tripulación finalmente lo localiza, lo seca en una sauna y lo devuelve a la base un día después de que los otros submarinos los hayan dejado.

El NKVD declara a Marinesko sospechoso de traición. Quieren un consejo de guerra. Por otra parte, la Armada es más “indulgente”. Stalin ha presionado a la Armada para desplegar todos los recursos posibles para destruir a los “fascistas” en el mar. Su leal tripulación lo quiere de vuelta y podría causar aún más problemas si se le niega. Finalmente, después de numerosos días de interrogatorio y esperando en la cuerda floja, Marinesko se dirige al Báltico a bordo del S-13 el 11 de enero de 1945. Conserva el mando de su submarino, pero necesita un gran éxito para mitigar sus negligencias en tierra. Lo encontrará muy pronto…

EMBARQUE EN EL WILHELM GUSTLOFF
El “Dunkerque alemán” encabezado por el Almirante Dönitz está a punto de comenzar. El Gustloff, una vez más se encuentra en el papel de buque insignia en Gotenhafen. Esta vez, sin embargo, no es un buque insignia blanco resplandeciente del programa de cruceros KdF. Se trata de un buque de la marina requisado y repintado de color gris que lleva 4 años en puerto, un buque de la esperanza para miles de refugiados alemanes. El 28 de enero de 1945, al Gustloff se le ordena estar listo para zarpar en un plazo de 48 horas.

La escena en Gotenhafen es la viva imagen del pánico y el caos. Miles y miles de refugiados (en su mayoría mujeres y niños) atascan el puerto. No hay demasiados hombres sanos. Los que pueden luchar contra los rusos ya han sido “reclutados” para el servicio (tropas de las SS patrullan entre las multitudes para asegurarse que ningún hombre capaz de luchar es pasado por alto). Muchos no están en buenas condiciones de salud después de haber sufrido largas distancias e intenso frío en carros o a pie en el clima implacable de enero. Miles de personas no llegan a los puertos de Danzig y se “pierden” por el camino. Los muertos llenan las cunetas de las carreteras y lugares como la laguna congelada Frisches Haff.

A pesar de la marea de personas palpitante en el puerto, el embarque en el Gustloff es relativamente ordenado en las primeras etapas. Centinelas armados vigilan las pasarelas para mantener alejados a los que no tienen prioridad o privilegio. La imprenta del barco, una vez utilizada para crear agendas coloridas de crucero, ahora otorga el codiciado “Pase de identidad” que permite el acceso al Gustloff.

Como era de esperar, el primer derecho a estos pases se proporciona para los oficiales de submarinos, los miembros de la tripulación, y unos pocos cientos de auxiliares navales femeninas (algunas de las cuales están acomodadas en la piscina seca de los niveles inferiores del buque). A los soldados heridos que llegan en tren también se les da prioridad. Refugiados “privilegiados” a continuación, obtienen su turno. Los primeros en recibir los pases son los que tienen “conexiones” con sus familiares y amigos a bordo, o para aquellos con influencia local. Por supuesto, aquellos con dinero intentan comprarlos. Nunca sabremos cuántos sobornos se realizaron. Una cosa es segura: a medida que más y más privilegiados suben, la tensión y la envidia crecen en los refugiados “ordinarios” de la fila.

Con menos de dos días para que el buque zarpe, 10 de los 22 botes salvavidas que tenía el buque cuando fue botado en 1937 están desaparecidos. Después de más de cuatro años de uso como “cuartel flotante”, los botes salvavidas han ido desapareciendo de sus pescantes (requisados para otras tareas en el puerto como la creación de cortinas de humo para ocultarse de los ataques aéreos aliados). Apresuradamente, 18 pequeñas barcas se alzan y aseguran a las cubiertas. Numerosas balsas salvavidas se añaden también en lugares estratégicos de las cubiertas. Se fijan además cañones antiaéreos a la cubierta para ofrecer cierta protección antiaérea, pues el control de la Luftwaffe de los cielos es ya solo un recuerdo lejano.

De acuerdo con una lista oficial, sólo tres mil refugiados ya están embarcados en el Gustloff por la mañana del 30 de enero de 1945 (han dejado de contar). A medida que se hace patente que el barco zarpará ese día, más multitudes se apresuran a las colas. Las madres y los niños se separan. Los niños y los bebés son entregados a los que van a bordo. De la misma manera terrible, algunos niños son empujados accidentalmente sobre pasarelas y desaparecen en el agua fría entre el muelle y el casco. Pequeñas embarcaciones abordan el barco con madres y niños que suplican por un puesto a bordo. Para algunos, la persistencia es recompensada, en forma de redes y pasarelas que se bajan para subir más a bordo.

En este día gris, amargo y frío en Gotenhafen, salpicado de nieve y aguanieve, el número exacto de personas a bordo no se conocerá nunca. En el momento en que el Gustloff está listo para salir del puerto, más de 10.000 evacuados ansiosos están hacinados a bordo del barco.

Dentro de 9 horas, 3 torpedos impactarán al Wilhelm Gustloff. Se hundirá en el fondo del mar Báltico, con más de 9.500 almas con él.

EL HUNDIMIENTO DEL WILHELM GUSTLOFF

Mapa en alemán con la localización del hundimiento y las rutas empleadas en la evacuación de refugiados de Prusia. También se aprecia el movimiento de la línea del frente en los primeros meses de 1945
Fuente: focus.de

Huyendo de un brutal ataque del Ejército Rojo, el Wilhelm Gustloff está listo para salir del puerto repleto de más de 10.000 refugiados alemanes, personal naval y soldados heridos. El buque está diseñado para albergar solo un máximo de 1.880 pasajeros y tripulantes. De los refugiados, la asombrosa cifra de 4.000 son niños y jóvenes en su camino hacia la seguridad prometedora Del Oeste. La temperatura es de -18 ° Celsius en el muelle de Oxhöft Gotenhafen (Gdynia) el martes día 30 de enero de 1945.

Por primera vez en cuatro años, el buque insignia de los cruceros de placer nazis ha arrancado sus motores. Se dirige hacia el puerto de Kiel en la Alemania del oeste, lejos de la desintegración constante del Frente Oriental. Los Rompehielos afanosamente trabajan para abrirse camino a través de la bahía de Danzig para permitir el pasoPOR las implacables aguas invernales del mar Báltico.

En el puente, el desacuerdo y la tensión es evidente. Dos oficiales de alto rango mandan la nave. Tanto Friedrich Petersen, capitán del Gustloff y el teniente comandante Wilhelm Zahn, jefe de la división de submarinos que ha hecho su hogar en el barco durante los últimos 4 años, no pueden ponerse de acuerdo sobre un curso adecuado. Además de la complejidad, dos jóvenes capitanes de la marina mercante (Köhler y Weller) también se suman las opiniones desde sus puestos en el puente.
Alrededor de las 12:30 PM alemanas, el Gustloff sale del puerto. A diferencia de sus alegres días de crucero en tiempos de paz, no hay bandas de música, bandera ondeando o alegres despedidas. En su lugar, la esperanza ansiosa por la supervivencia de los ocupantes y el privilegio de estar a bordo es evidente. La envidia y la frustración inunda a aquellos que no han podido escurrirse entre la multitud y se han quedado en tierra.

Debajo de la cubierta, miles de pasajeros intentan establecerse en sus áreas asignadas para el viaje. Los últimos llegados se buscan un espacio razonable que tengan la suerte de encontrar. Todos los espacios posibles en el buque están ocupados. Todos son instruidos por el altavoz para usar los chalecos salvavidas que se les proporciona. Bajo ninguna circunstancia deben quitárselos. Sobre la cubierta, el viento, la nieve y el granizo golpean el Gustloff. Los mares se vuelven ásperos y tenaces a medida que la Bahía se queda atrás. El mareo empieza a afectar a muchos. Incapaces de ir a hacer sus necesidades por la borda, los baños a bordo se saturan y el hedor es nauseabundo. Aún así, para muchos es un precio pequeño a pagar por las penurias sufridas recientemente.

En el puente, los argumentos de los cuatro capitanes y oficiales de alto rango siguen. Se debate acaloradamente las cosas tales como la ruta, velocidad óptima y si el Gustloff debe seguir un curso en zigzag para evitar su detección. Una cosa que todos los capitanes están de acuerdo es que no están satisfechos con la insuficiencia de escolta. El Gustloff se supone que está acompañado sólo por el Hansa (otro carguero lleno de miles de refugiados en dirección al oeste) y dos torpederos anticuados. Las cosas empeoran cuando el Hansa y uno de los escoltas torpedero desarrollan problemas y no pueden continuar. El Wilhelm Gustloff está básicamente solo en un mar implacable con sólo una pequeña escolta para protegerlo. Aproximadamente 1,5 horas después de salir de Gotenhafen, el Gustloff se asienta en un curso más lejos de la costa en ‘Lane N º 58’, un canal “oficialmente” despejado de minas .

Mientras tanto el capitán Alexander Marinesko del submarino soviético se introduce en el Golfo de Danzig sin informar a su mando central. Después de haber patrullado con otros submarinos rusos frente a la costa cerca de Memel, las oportunidades son escasas. Consciente de la actividad del enemigo en los puertos en el Danzig, espera mejores oportunidades. Sabe que un consejo de guerra pende por encima de él por los anteriores incidentes en tierra, necesita mejorar sus resultados. Es un riesgo calculado para el capitán y su tripulación de 47 hombres. Sin saberlo, sin embargo, Marinesko está trazando un rumbo directamente al hundimiento más mortífero que un submarino jamás se anotará en la historia.

Poco después de 18:00, el Gustloff se entera que un convoy de limpieza de minas se acerca desde la dirección opuesta. Las discusiones estallan de nuevo en el puente. ¿Cuál es el riesgo de colisión? ¿Deberían encenderse las luces? Wilhelm Zahn recomienda que las luces de navegación verde y roja se enciendan. El envejecido capitán Petersen acepta a regañadientes y las luces de navegación son encendidas, una decisión que se convierte en fundamental para el desastre que se avecina. Mientras tanto, el hielo cubre las cubiertas y se espesa en los pescantes de los botes salvavidas. Los cañones antiaéreos congelados se han convertido en inmóviles e inservibles. Los esfuerzos de la tripulación para que no se hielen están resultando inútiles.

A pesar del frío exterior, el calor y la humedad están en aumento en la cubierta inferior. Muchos ignoran la orden de Petersen para mantener los chalecos salvavidas puestos, es un riesgo que están dispuesto a tomar para aliviar el terrible malestar. Se oyen los lloros de algunos de los miles de niños a bordo. A aquellos capaces de digerirlo se les ofrecen sopas, sándwiches y otros alimentos básicos. Algunos incluso son capaces de estar adormecidos. En la cubierta de debajo del puente, los soldados heridos y las mujeres embarazadas son atendidos.

En algún momento antes de las 20:00, el primer oficial del S-13 detecta puntos luminosos en la distancia . Marinesko rápidamente se dirige a la torre de mando. Cuando la nieve se disipa por un momento describe en sus palabras “la silueta de un gran trasatlántico, incluso con las luces encendidas”. Durante las siguientes dos horas, Marinesko acecha al Wilhelm Gustloff, ajustando su plan de ataque. Su tripulación a bordo comienza a sentir que su suerte va a cambiar.

A bordo del Gustloff nadie es consciente de los peligros que acechan en la oscuridad. El equipo de detección de submarinos a bordo del torpedero Löwe escolta se ha congelado y no sirve para nada. Las tripulaciones de ambos buques deberán contar con puestos de observación, una orden difícil en estas condiciones meteorológicas. La música alegre que suena a través de los altavoces de la nave se interrumpe en algún momento después de las 20:00. Hitler, en directo por la radio, hace un discurso apasionado para conmemorar el 12 aniversario de la llegada de los nazis al poder. Se hace eco a lo largo de los pasillos de la nave. No hay duda de que proporciona comodidad a algunos, mientras se evoca un cinismo tranquilo a muchos otros.

Marinesko no lo habría secuenciado más dramáticamente. Sólo unos minutos después del discurso del Führer terminase alrededor de las 21:00, se da la orden de disparar los cuatro torpedos del S-13. Como para subrayar la retribución Soviética, cada torpedo ha sido pintado con una dedicatoria:
Torpedo 1: por la patria
Torpedo 2: por Stalin
Torpedo 3: por el pueblo soviético
Torpedo 4: por Leningrado
Tres torpedos se dirigen hacia el desconocido, pero “enorme” objetivo de Marinesko. Un cuarto torpedo , el “por Stalin” se queda atrás. Se ha quedado atascado en su tubo de lanzamiento, con su detonador activado, amenazando con volar el submarino en pedazos con la menor sacudida. Si no fuera por las acciones rápidas y delicadas de la tripulación del S-13 para desactivarlo, la historia nunca habría sabido que golpeó al Gustloff.

A bordo del barco, la música alegre se reanuda con una resonancia metálica de los altavoces de la nave, acompañado de los gemidos de los niños descontentos y adultos por igual. En el puente, hay una sensación de alivio cauto entre los cuatro capitanes ahora que han llegado a la costa de Stolpe. Comparten el sentimiento de que las aguas más peligrosas del camino han quedado atrás. Además de su primera comida desde la partida, una ronda de coñac se vierte para brindar por la buena fortuna. Weller sigue siendo el capitán de guardia en el puente. Y después …

A las 9:16 PM, el primer torpedo golpea el frente de la nave, creando un enorme agujero en la amura de babor. Momentos después, el segundo impacta más atrás, donde se encuentra la piscina. Por último, el tercero consigue un impacto directo en la sala de máquinas por debajo de la línea de flotación. Pasajeros y tripulación salen despedidos por las estruendosas explosiones. Aquellos cercanos a los puntos directos del impacto son prácticamente vaporizados y tal vez ahorrados del pánico y el sufrimiento.

Tras los primeros informes de daños, las puertas estancas, se bajan para aislar la parte delantera de la nave. Lamentablemente, esta área contiene las habitaciones de los tripulantes. Muchos de los que estaban fuera de servicio, miembros de la tripulación (en especial los formados en bajar los botes salvavidas y los procedimientos de emergencia) se quedan encerrados en su perdición.

El lugar del impacto segundo torpedo es muy preocupante. La piscina seca (y habitaciones en el área de peligro) se habían improvisado como alojamiento para la mayoría de las mujeres auxiliares de la marina. La explosión del torpedo crea una metralla de azulejos astillados que momentos antes decoraban el área de la piscina con mosaicos de lujo. Las chicas del área directa son cortadas en pedazos por los azulejos y metal retorcido que salen despedidos. Por primera vez en años, el agua se precipita a la piscina. Pero esta vez cadáveres flotando, trozos de cuerpos y chalecos salvavidas vacíos. Sólo dos o tres de las 373 chicas de la kriegsmarine son capaces de escapar.

El tercer torpedo sella el destino del Wilhelm Gustloff. Este impacto directo en la sala de máquinas inmediatamente golpea a los motores, corta la corriente y paraliza el barco. Las luces se apagan y las comunicaciones de la nave se interrumpen. Por unos momentos, sólo se puede oír el caos de gritos, chillidos, y un torrente de agua. El barco ya está empezando a escorar para el lado de babor. Minutos más tarde, las luces de emergencia parpadean débilmente, iluminando el caos.

Puesto que toda la energía y las comunicaciones han quedado fuera de combate, el operador de sala de radio, Rudi Lange tiene que usar un transmisor de emergencia para transmitir el SOS. Con un alcance de transmisión de sólo 2.000 metros, sólo el torpedero Löwe escolta es capaz de recibir la llamada de socorro. Esta es la forma en que se da cuenta del ataque a la Gustloff. Sin demora, se vuelve hacia el buque dañado, mientras que retransmite el SOS del Gustloff.

Muchos no sobreviven a la carga frenética hacia las cubiertas. Las apelaciones de los altavoces para mantener el orden son ignoradas, y se convierten en los tonos de fondo mezclado con las sirenas de alarma. El código de “las mujeres y los niños primero” es ignorado por muchos en sus esfuerzos por llegar a las cubiertas y los botes salvavidas. Las escaleras se colapsan por las multitudes de personas que intentan escapar del agua que asciende debajo de la cubierta. Caerse en el camino significa una muerte casi segura. Muchos atrapados en la multitud apenas puede respirar, incapaces de mover los pies o los brazos y “arrastrados” por el enjambre. Los afortunados encuentran formas menos obvias para ascender a las cubiertas.

Algunos, al sentir la desesperanza de la situación deciden llevarse la vida de sus familias y de sí mismos con sus pistolas. Las pistolas no se utilizan exclusivamente para el suicidio. Muchos oficiales armados las utilizan para mantener cualquier grado de control posible. A veces disparan para enfatizar este fin.

En la cubierta, la combinación de hielo y la falta de tripulantes debidamente capacitados agrava la situación. La gente resbala en las cubiertas congeladas y cae en el agua helada. El barco escora más y más con cada minuto que pasa. Los botes salvavidas están congelados a sus pescantes. La gente los araña y golpea con sus propias manos tratando de liberarlos, incluso si son capaces de arrojarlos. Muchos de los miembros de la tripulación muy entrenada para bajarlos adecuadamente están atrapados (y condenados) tras las puertas estancas. Según se informa, sólo un bote salvavidas es bajado correctamente durante el hundimiento. Uno baja con sólo 12 marineros en el mismo. A otros se les rompen los cables, caen al agua y vuelcan , lanzando a sus breves ocupantes al agua helada o aplastando a los que ya están en ella. En un momento dado, los inútiles cañones antiaéreos se desprenden por la gravedad y se precipitan por la borda, cayendo en un bote salvavidas completamente ocupado.

Algunos afirman haber visto a un oficial de alto rango con su esposa bajar una lancha ocupada por sólo la mitad. Pasando por delante del cierre acristalado de la cubierta de paseo, repleta de mujeres desesperadas y niños. Sólo podemos imaginar lo que a ambos lados del cristal estaban pensando. Al parecer, los actos egoístas no están reservados exclusivamente para los pasajeros.

Setenta minutos después de que el primer torpedo haya impactado, el antiguo símbolo glorioso de un imperio que se desmoronaba se desliza bajo la superficie del helado Báltico, con miles de almas atrapadas en él. Extrañamente, justo antes de que el Gustloff se sumerja hasta el fondo, todas sus luces se encienden en una explosión final de despedida. Las sirenas se ahogan con la nave a medida que desciende a las profundidades.

Los que se quedaron agitándose en el agua helada del Báltico no durarán mucho tiempo. Muchos tratan de llegar a los botes salvavidas o balsas sólo para ser golpeados o rechazados por los ocupantes desesperados y paranoicos. Cuerpos de las víctimas, convertidos en boyas marinas por sus chalecos salvavidas, flotan sin vida en el mar. Los cadáveres de los niños más pequeños están flotando boca abajo, los chalecos salvavidas no estaban diseñados para usuarios más pequeños.

Con el Gustloff sumergido, las labores de rescate continúan. El Löwe, obviamente el primero en estar en la escena, sigue recogiendo a sobrevivientes (un total de 472) de los botes salvavidas y del agua con redes. No es tarea fácil, las olas llegan a alcanzar algunos metros de altura. Otro torpedero, el T-36 llega justo a tiempo para ver el barco de pasajeros desaparecer bajo las aguas. Consigue sumarse al rescate de los sobrevivientes (recoge un total de 564). El crucero pesado al que el T-36 había estado escoltando, el “Almirante Hipper”, llega más tarde, pero no puede quedarse por temor a convertirse también en blanco de los submarinos. Tres dragaminas finalmente llegan a ayudar en una desesperada carrera contra el tiempo y las frías aguas del mar Báltico, salvando un total de 179 sobrevivientes entre todos ellos. Para cuando el carguero Göttingen y Gotenland y otros barcos más pequeños llegan para ayudar, solo están recogiendo mayoritariamente cuerpos sin vida congelados en el agua.

En cualquier tragedia sin embargo, los milagros pueden suceder. Siete horas después de que el barco se hundiese, una lancha patrullera pequeña VP-1703 llega a un mar de cuerpos flotantes. Su reflector a bordo se encuentra un bote salvavidas. Cuando el suboficial de Werner Fick salta a inspeccionar, descubre a un niño envuelto apretadamente en una manta de lana – asombrosamente vivo entre los cadáveres congelados. Este es el último superviviente oficial del Wilhelm Gustloff.

Con ello, el número total de sobrevivientes rescatados suma un total de unos 1.230. Más de 9.000 se han ido a la muerte, atrapados en el fondo del mar Báltico o congelados flotando en su implacable superficie.

REPERCUSIONES

Nunca sabremos el número exacto de los que perecieron en la tragedia del Gustloff, porque los miembros de la tripulación perdieron la cuenta, cuando miles de refugiados atascaron cada rincón de la nave. De todos modos, los historiadores están completamente de acuerdo que es el único desastre naval más mortífero en la historia. Durante años, las estimaciones de los que perdieron la vida oscilaron entre 5.000 y 10.000. Ahora estamos de acuerdo en que suman más de 9.000. Recientemente, esto fue confirmado por un equipo sofisticado de expertos reunidos para la “Historia sin resolver” (Unsolved history) de Discovery Channel.

La noticia del hundimiento del Gustloff, no fue informada dentro de los restos del Tercer Reich. Es evidente que Hitler no puede permitirse traer más malas noticias a su desmoronado régimen. Con la excepción de la mención de menor importancia en un par de periódicos, también sigue siendo en gran parte no informado en los países aliados occidentales. Boletines oficiales de la Unión Soviética no hace mención del suceso. Al parecer, el perfil de la tragedia estaba condenado desde el principio. Irónicamente, el único medio conocido importante que hace mención de esta tragedia es un artículo periodístico de primera plana en “Nachrichten für die Truppe” (Noticias para las tropas) un periódico de propaganda de los aliados que lanzaban desde bombarderos sobre bolsas de resistencia de soldados alemanes conforme a la guerra se acerca a sus finales.

Se podría pensar que los problemas del Capitán Marinesko con el NKVD se desvanecían ahora que se ha marcado el blanco humano más grande de la historia. Por otra parte, se las arregla para hundir un objetivo estratégicamente más importante en 09 de febrero 1945, antes de regresar a la base (el Steuben – más de 15.000 toneladas y 3.000 vidas se hunde en tan sólo siete minutos). Pero Marinesko no será declarado “Héroe de la Unión Soviética”, como algunos de sus homólogos que han logrado menos. Se ha convertido en un hombre marcado, su carácter presuntamente era visto como menos compatible con el ideal soviético. A pesar de todos los esfuerzos para lograr el reconocimiento de sus logros, es dado de baja de la Marina en octubre de 1945. Los problemas continúan persiguiéndole. Después de haber trabajado en una institución estatal, Marinesko es dudosamente acusado de “robo de la propiedad”, después de pelearse con un director. Es condenado a tres años de trabajo forzado en Siberia. A través de ingenio y habilidad, sobrevive gracias a convencer a las autoridades del gulag que es más adecuado para trabajar en los muelles en lugar de en la mina, donde la enfermedad y la muerte puede venir rápidamente. En cualquier caso, su situación se cobra su peaje. Desconocido para él, el cáncer comienza a desarrollarse en su cuerpo.

Por último, en la década de 1960, se le da el reconocimiento por el que luchó. Se le restablece el grado de capitán de tercera clase y recibe una pensión. En octubre de 1963, dieciocho años después del hundimiento del Gustloff , finalmente recibe la tradicional ceremonia de honor para un capitán a su regreso con éxito de una misión. Muere 3 semanas después de cáncer, por lo menos consciente de que el reconocimiento ha llegado finalmente a su manera. En 1990, Mijail Gorbachov, a título póstumo condecora a Marinesko con su elusivo título de “Héroe de la Unión Soviética”.

Hoy en día, Marinesko es considerado un héroe en Rusia, en especial a los submarinistas de la Armada que lo consideran como el modelo a seguir. La línea oficial en Rusia ha sido que el Gustloff iba lleno de fuerzas armadas, dejando de lado el hecho de que llevaba a miles de refugiados.

Heinz Schön, sobrecargo del Gustloff en Gotenhafen, sobrevive para convertirse en experto principal del mundo sobre el suceso. Es autor de numerosos libros y ofrece servicios de consultoría para muchos proyectos. Actualmente tiene su hogar en Bad Salzuflen, Alemania y gestiona el “Gustloff-Archive”.

A diferencia del Titanic, no requirió de años para localizar el lugar donde se encuentran los restos del Gustloff. Una posición precisa registrada durante el hundimiento (55.07N, 17.41E) y en aguas relativamente poco profundas (45m) cerca del Banco de Stolpe hacen que sea fácil de localizar. Algún tiempo después del fin de la guerra, se afirma que los soviéticos visitaron el pecio y buscaron objetos de interés. Los rumores de un tesoro preciado Soviético, la Sala de Ámbar, almacenada en la bodega de carga pudieron haber provocado la visita. Se dinamitó la sección central del naufragio para cubrir sus huellas, dejando sólo la proa y la popa razonablemente reconocibles. Otros artículos han sido sustraídos de los restos del naufragio como los anclajes y accesorios.

Hoy en día, los restos del naufragio es oficialmente designado como un cementerio submarino y está bajo zona restringida a los buceadores por orden de las autoridades polacas. Sin embargo, algunas inmersiones se han hecho recientemente bajo permiso de las autoridades, en particular Mike Boring y su equipo en mayo de 2003.

Más importante aún, para los sobrevivientes y familiares de aquellos que se perdieron, los recuerdos de este evento todavía los persiguen en la actualidad. Durante muchos años, la mayoría de los sobrevivientes mantuvieron en silencio esta tragedia. Lo reprimieron en lo más profundo de sí mismos (colectivamente Alemania, como nación, lo hizo así). Muchos no empezaron a abrir sus recuerdos y a hablar de ello hasta entre unos 40 y 50 años después de aquella noche terrible en el implacable Báltico.

Todavía queda mucho para que la gente aprenda. Análogamente a su naufragio en aguas relativamente poco profundas en el Mar Báltico, el Gustloff permanece todavía en gran parte “sumergido” por debajo de la línea de flotación de la conciencia histórica.

EL PECIO

El pecio está clasificado como “tumba de guerra” por las autoridades polacas
Las coordenadas son 55.0729°N 17.4213°E. Es uno de los mayores pecios del fondo del Báltico.
Para proteger las propiedades del naufragio y preservar la flora y fauna marina la oficina marítima polaca en Gdynia ha prohibido bucear a menos de 500 m del naufragio.
No obstante, en 2006 se recuperó una campana del pecio, que fue puesta como decoración en un restaurante polaco y prestada para una exhibición con fondos privados llamada “caminos forzados” en Berlín

ESTADISTICAS

Estimaciones por Heinz Schön realizadas en los años 80-90
173 tripulantes
918 oficiales, suboficiales y hombres de la 2. Unterseeboot-Lehrdivision
373 helferinnen de la Kriegsmarine
162 soldados heridos
8.956 civiles (de los que se estiman 4.000 niños)
Total: 10.582 personas a bordo
Fallecidos: 9.343
Eso deja solo unos 1.200 supervivientes

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2 respuestas a El MV Wilhelm Gustloff, la mayor tragedia naval de la historia

  1. Magnífico artículo. Felicidades.

    Otra tragedia naval poco conocida: “El desatre naval de las islas Sorlingas de 1707”:

    http://www.navegar-es-preciso.com/news/el-desastre-naval-de-las-islas-sorlingas-de-1707/

    saludos cordiales

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