División azul (250 infanterie division) panorama histórico


Para lo uniformes empleados por esta división de voluntarios véase:

https://aforjar.wordpress.com/2013/11/27/uniformidad-division-azul-250-infanterie-division/#more-446

Aunque España no se incorporó oficialmente a la Segunda Guerra Mundial del lado de la Alemania nazi, el general Francisco Franco permitió a voluntarios enrolarse en el ejército alemán. De este modo, podía mantener la neutralidad española mientras que simultáneamente compensaba a Hitler por su ayuda durante la Guerra Civil Española (véase Legión Cóndor). El Ministro de Asuntos Exteriores de la época, Ramón Serrano Súñer, sugirió la creación de un cuerpo voluntario, al principio de la Operación Barbarroja, y Franco envió una oferta oficial de la ayuda a Berlín. Hitler, que quería vender su guerra en Rusia como una cruzada internacional contra el bolchevismo aprobó el uso de voluntarios españoles el 24 de junio de 1941. Se formo una división, cuyos elementos serian jefes y oficiales voluntarios provenientes del ejército regular y las clases de tropa voluntarios reclutados en las jefaturas provinciales de toda España.

La División Azul fue una jugada maestra de Franco. En medio de un clima de exaltación patriótica y anticomunista fomentada desde el poder pero también nacida de forma espontánea, vendió a los españoles la idea de que participar junto a Hitler en la campaña contra la URSS era una cruzada obligada, la natural continuación de la que, oficialmente por culpa de Rusia, había enfrentado a los españoles entre sí durante tres años. Hasta tal punto le salió bien la jugada que si en un principio se había concebido una unidad de combate de aproximadamente 4.000 hombres, al final llegaron a pasar por los banderines de enganche unos 45.000 desde 1941 hasta 1943, año en que fue repatriada y disuelta.

Con este grupo de combatientes, además, saldaba su deuda con Hitler por la ayuda prestada al bando vencedor en nuestra Guerra Civil, y al tratarse de una unidad de voluntarios el Gobierno estaba exento de responsabilidades, con lo cual no solo quedó bien ante los aliados, sino que España aparecía ante el mundo como un cruzado contra el comunismo, lo que le granjearía las simpatías de EEUU.

No solo eso, también debilitó y mutiló al único partido político capaz de derrocarle y sustituirle, la Falange, muchos de cuyos altos cargos se incorporaron a las filas de la División Azul. El final de ésta significaría el final de la influencia de la Falange en la política nacional, siendo sustituida su ideología fascista por el nacional-catolicismo acuñado por Franco, el único ganador de esta historia.

¿Quiénes fueron los divisionarios que, sin pretenderlo, tan bien sirvieron a los intereses de Franco, los peones que puso en el tablero de ajedrez?

No solo un puñado de falangistas, aunque la Falange así intentó que fuera. Los altos mandos del Ejército se impusieron y todos los oficiales a partir de capitán, las dos terceras partes de tenientes y suboficiales, y la tropa especialista procederían de unidades del Ejército regular, un total de 641 oficiales y 2.386 suboficiales. En cuanto a los voluntarios, según dice el doctor en Historia Contemporánea Xavier Moreno Juliá en su libro “ La División Azul”, un estudio muy elogiado por otros historiadores, los motivos que llevaron a alistarse en 1941, año de su formación, a esos 45.000 hombres fueron muy distintos.

Unos lo hicieron como “venganza”, por ser hijos o familiares de caídos en la guerra. En otros casos dominó el deseo (y necesidad) de no ser considerados “desafectos” al Régimen franquista aunque sus familiares hubieran luchado en el bando perdedor, caso éste de personalidades como el actor Luis Ciges o el mismo García Berlanga, que se enroló en la División Azul para que las autoridades tratasen con benevolencia a su progenitor cuando este fue encarcelado por haber formado parte del Frente Popular. Influyeron asimismo los motivos económicos, pues el sueldo que se les asignó a los divisionarios triplicaba al de un obrero de la época : 8.800 pesetas para los solteros, – el 85% de los que formaron la División Azul -, y 10.600 para los casados. Hubo falangistas, pero hubo también incluso ex republicanos. Civiles y muchos militares, algunos forzados, gran número de estudiantes, profesores, escritores, intelectuales… Se trató, pues, una unidad realmente heterogénea.

Tras un mes escaso de formación militar en Alemania, desfilaron ante Hitler haciendo un juramento diferente al del resto de las tropas alemanas regulares: el único compromiso manifestado en él fue el de ser fieles luchando solo contra comunismo, sin ninguna implicación adicional. Mal uniformados, faltos de la adecuada disciplina militar y mal pertrechados contra el frío, fueron reequipados apresuradamente y enviados en octubre de 1941 al frente de Leningrado, el más duro, con temperaturas que rozaban a veces los 50º bajo cero. Acciones tan simples como defecar eran un martirio, pues a esas temperaturas todo se congela, y vestirse una guerrera imposible, debido a la extrema rigidez que adquirían al helarse. Entre octubre de 1941 y marzo de 1942, la División Azul sufrió 1.235 bajas por congelación y 2.532 por enfermedad. En enero de 1942, los enfermos del aparato respiratorio fueron el 39% del total de bajas mientras que las congelaciones representaron el 17%. Tan duras eran las condiciones en aquel frente y tantas las bajas que se producían, que cuando se repitió el alistamiento de nuevos voluntarios para reemplazar a los que combatían en Rusia el número de presentados no hizo sino disminuir, por lo que con el tiempo las autoridades militares tuvieron que enviar a reclutas forzosos del Ejército.

En aquel infierno blanco, la falta de preparación de los divisionarios para la guerra en el frío hubo de ser suplida con enormes sacrificios y actos de heroísmo, que causaron tremendas bajas. Escribieron bajo cero y en rojo sangre páginas históricas como la gesta suicida del lago Ilmen o la batalla de Krasny-Bor, por citar solo algún ejemplo.

A primeros de 1942 una guarnición alemana queda cercada al sur del lago Ilmen, y 228 divisionarios cruzaron a pie el lago helado durante once días, a 50ºC bajo cero. Conquistaron seis aldeas y socorrieron a los alemanes, pero sólo doce españoles quedaron ilesos. Hubo un 95% de bajas. Impactado por esta y otras hazañas, Hitler creó una medalla específica para la División Azul, algo que no hizo con ninguna otra unidad.

En febrero de 1943, en el frente de Krasny Bor y a 25º bajo cero, 800 cañones y 2 batallones de morteros rusos bombardearon sin parar durante dos horas las líneas divisionarias españolas, sobre las que caían decenas de miles de proyectiles de artillería, destrozándolo todo, hombres y armamento. Detrás, 44.000 soldados de infantería apoyados por casi 100 carros de combate, dos batallones de cañones anticarro, una Brigada Motorizada y dos Brigadas de esquiadores se lanzan escalonadamente contra las ya maltrechas y castigadas líneas españolas, que defendían un total de 5.600 divisionarios. Éstos, lejos de rendirse o retirarse, se reagrupan y, una vez agotadas las municiones, siguieron combatiendo sin tregua en cruentos asaltos a bayoneta y lucha cuerpo a cuerpo. El número de bajas entre los españoles se contó por miles, además de 300 prisioneros que fueron enviados a Siberia y condenados a trabajos forzados en Gulags hasta 1954, pero se consigue detener el avance haciendo fracasar la ofensiva soviética, produciendo entre 11.000 y 14.000 bajas al Ejército Rojo y manteniendo el frente estable (la defensa de la línea de ferrocarril Moscú-Leningrado) un año más.

En esa batalla se consiguieron tres de las ocho laureadas que ganó la División Azul en la URSS.

Después de la caída de Stalingrado los aliados comenzaron a ejercer presiones sobre Franco para que retirase las tropas voluntarias. La negociaciones iniciadas por éste a finales de 1943 concluyeron con una orden de repatriación escalonada. Los primeros que volvieron fueron recibidos con honores, pero las sucesivas hornadas de supervivientes cada vez lo fueron con más tibieza. Regresaron sin pena ni gloria, casi entrando por la puerta falsa. Hitler perdía la guerra, y además, Franco calibró que si les daba protagonismo a las gestas protagonizadas por la División, la Falange podría darse relumbrón a costa de eso, y era algo que en absoluto le interesaba.

No hemos intentado en ningún momento hacer apología de esta unidad de combate, menos aún de las cuestiones ideológicas que dieron lugar a su formación, de las que buena parte de sus protagonistas no participaron, por cierto. Sólo pretendíamos reflexionar sobre la subjetividad de lo que más objetivo debiera ser: la Historia. Dependiendo de quién la escriba, hombres que protagonizaron gestas como estas han sido considerados héroes o villanos. La única verdad es el sufrimiento de estos soldados, unos marcados para siempre por lo vivido, otros mutilados, otros heridos, además de los prisioneros que pasaron 10 u 11 años en los campos soviéticos, aun habiendo podido ser repatriados mucho antes. A todos ellos Franco los usó como moneda de cambio para contentar a unos y a otros, y para limpiar de enemigos políticos, la Falange, su ascenso al poder.
Algunos soldados españoles rechazaron volver (entre 1.500 y 3.000 hombres). Hubo también voluntarios españoles en otras unidades alemanas, principalmente en las Waffen-SS, y otros voluntarios atravesaron la frontera española furtivamente por Lourdes, Francia. Las nuevas unidades fueron llamadas colectivamente la “Legión Azul”. Los españoles seguían siendo inicialmente parte de la 121 División de Infantería, pero aún así se ordenó la repatriación de esta unidad en marzo de 1944, siendo transportada de nuevo a España el día 21.

El resto de los voluntarios fueron reagrupados en otras unidades alemanas, como la 3ª División de Montaña y la 357 División de Infantería. Otra unidad fue enviada a Letonia. Dos compañías se unificaron con el regimiento de los Brandemburgueses y la 121 División alemana en Yugoslavia para luchar contra los partisanos de Tito. Cincuenta españoles entraron en los Pirineos para combatir a la resistencia francesa. La 101 compañía Spanische Freiwilligen Kompanie der SS 101, de 140 hombres, compuesta por cuatro pelotones de fusileros y un pelotón de oficiales, fue unida a la 28ª División de Voluntarios Granaderos Valones de la SS, luchando en Pomerania contra el ejército soviético.

Más adelante, como parte de la 11 División voluntaria Nordland de los SS Panzergrenadier y al mando del SS-Haupsturmführer Miguel Ezquerra, luchó los últimos días de la guerra contra tropas soviéticas en la batalla de Berlín.

En total, unos 47.000 soldados sirvieron en la División Azul en Rusia. Entre 4.500 y 5.000 de ellos fallecieron, y más de 8.000 fueron heridos. 321 fueron hechos prisioneros de guerra por el ejército soviético. Sólo unos pocos lograron sobrevivir a los largos años de privaciones y trabajos forzados durante el cautiverio. Mientras que la mayor parte de los soldados alemanes, italianos, rumanos y de otras nacionalidades, fueron puestos en libertad tras cinco años en los campos de internamiento; los prisioneros españoles de la División Azul hubieron de esperar hasta 12 años. Los pocos que sobrevivieron al trato infrahumano que se les dispensó, fueron repatriados a España en 1954, llegando al puerto de Barcelona el 2 de abril de 1954 en el ahora célebre barco Semíramis.


Magnífica imágen de un Feldwebel divisionario, repárese en el uniforme M40 que porta.


Soldado español anexado a las divisiones de las Waffen SS


Divisionario dando sepultarura a un camarada durante los enfrentamientos en el Este

  • Miembros:

CORONEL DE INFANTERIA ENRIQUE HERRERA MARIN

El Coronel Herrera comenzó su carrera militar al inicio de la guerra civil, alistándose en la Legión como voluntario, allí fue ascendiendo a Sargento, Alferez, Teniente y Capitán provisionales.

Finalizada la guerra se convierte en Capitán efectivo del Ejército y parte para Rusia con la División Azul. Permanece en el frente 2 años renunciando a todos los relevos que le correspondían, llega a formar parte de la Legión azul cuando la División es repatriada y se convierte en el militar español poseedor del mayor numero de condecoraciones Alemanas.

A su regreso a España es destinado al Pirineo para combatir las infiltraciones de los Republicanos españoles.

Es enviado a la Republica Dominicana como jefe de la misión española para instruir a los cadetes de la 1ª promoción de la academia de oficiales de ese país.
En pago a su labor el gobierno Dominicano le concede el empleo de Teniente Coronel de su Ejército, nacionalidad y el rango de Embajador.

Se retira del Ejercito Español con el empleo de Coronel a petición propia para realizar actividades privadas principalmente en Hispanoamérica.

Mantuvo amistad con personajes tan dispares como Ernesto CHE Guevara, Juan Domingo Perón y Juan Bosch (presidente de la Republica Dominicana)

Vistió durante su vida en la milicia 3 uniformes de países diferentes (España, Alemania y Rep. Dominicana)

Aquí esta un panel con sus condecoraciones:

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