Nakam, el plan de venganza judaica


Un grupo terrorista de vengadores judíos confabulando el asesinato en masa de alemanes, suena a pelicula de Tarantino o de ciencia ficción, o incluso a “teorías de la conspiración” que tanto les gusta a los revisionistas antisemitas que utilizarían esta información como caldo de cultivo, pero dramáticamente hay su parte de verdad en este hecho concreto.

Un crimen terrorista es un acto vil, despreciable y aborrecible independientemente de que sus responsables sean judíos, alemanes, islamistas radicales o lo que diablos suponga extremismo, radicalismo, e intolerancia que pueda llegar a concebir semejantes pensamientos abominables del cerebro humano.
El cerebro intelectual del plan

Abba Kovner fue un judío lituano que padeció de primera mano las operaciones de las SS y colaboracionistas en Lituania. Fue deportado al gueto, aunque logró salir y volver clandestinamente, y se enteró del destino de miles de judíos asesinados en la masacre de Ponary.

Organizó un movimiento de resistencia judía en los bosques cercanos desde donde realizar actos de sabotaje y guerrilla contra los alemanes.
Kovner en el centro, durante su etapa como guerrillero en el gueto de Vilna

Tras la liberación de Vilna en 1944 ayudó a otros judíos a salir de Europa Oriental

La guerra termina en mayo 1945, pero para Abba Kovner no ha hecho más que llegar a su punto álgido.

Funda una célula terrorista que denomina el “Hanakam” (que en hebreo significa venganza) y recluta a 60 miembros, muchos antiguos partisanos durante la guerra.

El grupo se desplaza para operar en Alemania. Allí planearan una operación de venganza a gran escala, el objetivo principal era envenenar a 6 millones de alemanes (cifra que se consideraba que sumaban todos los judíos exterminados en Europa). Para ello se iba a soltar veneno en las principales redes de suministro de agua potable de algunas ciudades alemanas (Hamburgo, Nuremberg, etc.)

Tal era su germanofobia y sentimiento antialemán que para su perspectiva cualquiera nacido alemán era culpable, de la misma forma que los nazis determinaban con los judíos.

Kovner viaja a Palestina y solicita luz verde a David ben Gurion, líder del Haganah, facción que busca la creación de un estado israelí, pero este, escandalizado se desentiende de Kovner. Pero Kovner persiste y contacta con Chaim Weizmann, químico judío de la Universidad de Manchester (y primer presidente del estado de Israel) a quien le informó que quería envenenar los suministros de agua de Múnich, Berlín, Núremberg, Hamburgo y Weimar, cuyos habitantes sumaban aproximadamente seis millones. Weizmann dio su consentimiento y accedió a ayudar a Kovner para identificar el lugar en donde conseguir el veneno. La planta elegida fue la compañía Potash del Mar Muerto.

Fue así como se equipó con varias cantimploras de veneno para tal dantesco plan, y el Haganah ya le había facilitado papeles falsos como un hipotético soldado de la brigada judía británica, pero hasta ahí llegaba toda la ayuda.

Kovner desembarca en Toulon, Francia con sus cantimploras de veneno, pero los británicos que sospechaban de él, descubren que sus papeles son falsos y lo ponen bajo custodia, sin embargo Kovner logra deshacerse del veneno arrojándolo al mar. Kovner pasa un año encarcelado.

Tras un año de arresto Kovner fue deportado de vuelta a Israel donde se establece y abandona sus actividades vengativas
Sirvió como oficial en la guerra por la independencia contra los árabes.
Recibió dos premios de literatura en 1968 y 1970.

Hay que añadir que había ya células en posición en las ciudades designadas y varios agentes habían conseguido planos o infiltrarse en las redes de suministro de agua de dichas ciudades, esperando luz verde para operar. Solo faltaba que llegara Kovner y repartiera el veneno, pero su arresto hizo que se abandonara el llamado “Plan A”.

El fallo fue frustrante para los miembros más radicales del grupo terrorista. Así fue como luego el grupo se dedicó principalmente al “Plan B”. Tras algunos meses de búsqueda, eligieron un nuevo objetivo.
Bajo las órdenes de Kovner, Yitzhak Avidav, uno de los miembros del grupo, se infiltra en la panadería que suministra a los prisioneros (en su mayoría de las Waffen-SS) del campo de prisioneros de Langwasser, cercano a Nuremberg.

El 14 de abril de 1946 Impregna cientos de panes con arsénico, para envenenar a los 12.000 internos. Según medios públicos 207 prisioneros sufrieron náuseas y tuvieron que ser sometidos a un lavado de estómago, y no se produjo ninguna muerte, pero sin revelar quien podría estar detrás.

Ninguna investigación oficial adecuada fue realizada. Hoy se sabe toda la verdad por los relatos de algunos exmiembros del grupo que salieron a la luz en los últimos años

La desilusión de los activistas del Nakam fue grande en el sentido de que “no se produjo el efecto deseado”.

Sin embargo esto no fue el final de las actividades criminales del grupo.
Inmediatamente comenzaron a surgir otras historias acerca de muertes misteriosas. Por ejemplo, la de que un nazi que estaba hospitalizado, murió a causa de una intervención menor, cuando misteriosamente se encontró cierta cantidad de queroseno en su sangre.

Rápidamente se volvieron más ambiciosos con respecto a sus objetivos que incluían al abogado Wilhelm Stuckart, autor de las Leyes de Núremberg, cuyo trabajo consistió en proveer una justificación legal para la Solución Final. Después de la guerra, Stuckart regresó a la práctica privada luego de una breve estancia en prisión. Los “vengadores” consiguieron eliminarlo en 1953. Su muerte pareció resultado de un accidente automovilístico.

Otra de sus víctimas fue Otto Abetz, embajador alemán en Francia durante los años de Vichy, quien había deportado a gran cantidad de judíos franceses a los campos de concentración. Lo mataron en otro “accidente” de automóvil en 1958.

Finalmente Aleksander Laak, quien dirigió un campo de concentración en Estonia, fue culpado por la supuesta muerte de 100 mil personas. Después de la guerra Laak se había refugiado en Canadá y estaba felizmente casado en Winnipeg bajo un nombre falso. Los “vengadores” lo acorralaron y le dieron a elegir entre ahorcarse en la cochera de su casa o matarlo delante de su esposa. Él prefirió ahorcarse.

Miembros de otra célula del grupo independiente operaron en Italia y Austria en mayo de 1945 haciéndose pasar por policías militares británicos, realizando centenares de asesinatos contra criminales alemanes “sospechosos” en los bosques, todos los asesinatos fueron hechos sin ningún tipo de juicio previo, prestación de declaración, ni derecho a abogado.

El Oberlandgericht Nürnberg suspendió en mayo de 2000 la prosecución legal de dos activistas del Nakam “por la presencia de prescripción y circunstancias muy particulares.”

Moraleja:

  • Bajo la ley farisaica del “ojo por ojo” el mundo se quedará ciego.
  • Un crimen NO justificará NUNCA la ejecución de otro crimen, se debe aplicar la justicia y no la venganza.
  • Estos terroristas con sus despreciables crímenes contra personas indefensas se rebajaron al nivel de los propios nazis, hasta el punto de que los einsatzgruppen se habrían sentido orgullosos de lo bien que aprendieron de sus métodos.
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